Prevención · Salud de la mama
Cuando pensamos en una consulta ginecológica de rutina, muchas veces nuestra atención se concentra en el cuello uterino, el Papanicolaou o el ultrasonido pélvico. Pero la salud de las mamas también forma parte de la salud de la mujer.
Por eso, durante una consulta preventiva, además de conversar sobre tus antecedentes personales y familiares, podemos hablar sobre tu riesgo de cáncer de mama, los cambios que hayas notado y, cuando corresponde, realizar un examen clínico de las mamas.
¿Por qué hablamos de cáncer de mama incluso cuando no tienes síntomas?
Porque la idea del tamizaje es precisamente buscar una enfermedad antes de que produzca síntomas. El riesgo aumenta con la edad y se vuelve especialmente relevante a partir de los 40 años — en los últimos años incluso se ha observado un aumento en la incidencia de cáncer de mama invasivo entre mujeres de 40 a 49 años.
Pero hay una palabra importante aquí: riesgo promedio.
No todas las mujeres deben comenzar a la misma edad
Tener antecedentes familiares de cáncer de mama u ovario, ciertas mutaciones genéticas como BRCA1 o BRCA2, haber recibido radioterapia en el tórax a una edad joven o algunos antecedentes personales puede modificar considerablemente tu riesgo. En estas pacientes puede ser necesario comenzar los estudios antes de los 40 años y utilizar estrategias de vigilancia diferentes, que incluso pueden incluir resonancia magnética además de la mamografía.
Por eso, más que memorizar una edad, existe una pregunta que vale la pena hacer en consulta:
“¿Cuál es mi riesgo de cáncer de mama y cuándo debo comenzar mis estudios?”
Conocer tu historia familiar también importa. Si tu mamá, hermana, hija u otros familiares han tenido cáncer de mama u ovario —especialmente a edades jóvenes— coméntalo durante tu consulta.
Entonces… ¿mamografía o ultrasonido?
Esta es probablemente una de las preguntas que más escuchamos.
No son estudios equivalentes.
La mamografía continúa siendo el estudio principal utilizado para el tamizaje del cáncer de mama en mujeres de riesgo promedio. El ultrasonido mamario puede ser extremadamente útil, pero generalmente tiene otras indicaciones: estudiar una masa o un hallazgo identificado al examen o en una mamografía, diferenciar lesiones sólidas de lesiones con contenido líquido y, en algunas pacientes, complementar la evaluación de mamas densas.
Eso significa que hacerse un ultrasonido mamario todos los años no necesariamente reemplaza la mamografía cuando ya existe indicación para realizarla.
En mujeres de riesgo promedio con mamas no densas, el American College of Radiology no recomienda el ultrasonido como estudio suplementario de rutina.
¿Y el examen de las mamas durante la consulta?
El examen clínico permite valorar cambios en la piel, alteraciones del pezón, masas, asimetrías o hallazgos en las axilas. En pacientes sin síntomas y de riesgo promedio existe debate sobre cuánto beneficio adicional aporta como método de tamizaje cuando ya se realiza mamografía, por lo que no debe entenderse como un sustituto de las imágenes.
Más importante aún es conocer tus propias mamas. No significa que tengas que examinarlas siguiendo una técnica perfecta todos los meses. Significa saber qué es habitual para ti y consultar si aparece algo nuevo:
Señales que vale la pena consultar
- ✓Una masa nueva
- ✓Retracción del pezón
- ✓Secreción sanguinolenta
- ✓Cambios persistentes en la piel
- ✓Cualquier modificación que te llame la atención
La prevención comienza con una conversación
Cumplir 40 años no debería ser la primera vez que hablamos de cáncer de mama. Mucho antes podemos revisar tus antecedentes, identificar factores de riesgo y decidir cuál será la estrategia de prevención adecuada para ti.
Para algunas mujeres será comenzar una mamografía a los 40. Para otras, por sus antecedentes familiares o personales, tendremos que empezar antes o utilizar estudios adicionales.
La mejor estrategia de tamizaje no comienza con pedir un examen. Comienza con conocer tu riesgo.
Y esa es una conversación que podemos tener en consulta.