Sobre mí · Cercanía
Soy ginecólogo y obstetra.
Llegar hasta aquí ha significado muchos años de formación: estudiar medicina, completar dos años de internado médico, trabajar como médico general durante la pandemia de COVID-19 y posteriormente realizar cuatro años de residencia en Ginecología y Obstetricia.
Durante ese camino aprendí muchísimo sobre enfermedades, diagnósticos, tratamientos, cirugías, embarazos y complicaciones.
Pero también aprendí algo que no siempre aparece con la misma fuerza en los libros: la forma en la que nos relacionamos con nuestros pacientes también importa.
Después de años atendiendo personas en diferentes escenarios, entendí que la medicina que más me identifica es aquella en la que puedo conocer a la paciente, escucharla, entender qué está viviendo y acompañarla a lo largo del tiempo.
Una medicina personalizada.
Una medicina con seguimiento.
Una medicina basada en evidencia, sí, pero basada en evidencia, explicada de forma humana.
Antes de pedir un estudio, quiero conocer tu historia
Siempre he considerado que una buena historia clínica tiene tanto valor como un buen examen físico.
Antes de solicitar un ultrasonido, un laboratorio o cualquier otro estudio, necesito entender qué está ocurriendo.
Cuándo comenzaron los síntomas.
Cómo son tus ciclos menstruales.
Qué medicamentos utilizas.
Qué antecedentes existen en tu familia.
Cómo han sido tus embarazos.
Qué métodos anticonceptivos has utilizado.
Pero también necesito saber qué te preocupa.
Qué experiencias has tenido previamente.
Qué esperas de la consulta.
Porque dos pacientes pueden tener exactamente el mismo diagnóstico y necesitar conversaciones completamente diferentes.
La tecnología es una herramienta extraordinaria y hoy contamos con estudios diagnósticos que hace algunas décadas eran inimaginables. Pero considero que ninguno debería reemplazar algo tan básico como escuchar y examinar adecuadamente a la persona que tenemos frente a nosotros.
Una buena historia clínica y un buen examen físico siguen siendo el punto de partida.
La confianza también forma parte de una buena consulta
Esto tiene un significado especial en ginecología.
En una misma consulta podemos hablar de menstruación, fertilidad, anticoncepción, sexualidad, dolor durante las relaciones, infecciones, embarazo, pérdidas gestacionales o menopausia. Son temas profundamente personales.
Y para poder hablar de ellos con libertad, primero tiene que existir un ambiente en el que la paciente pueda sentirse escuchada y respetada.
En medicina utilizamos la palabra rapport para describir esa relación de confianza y conexión que se construye entre médico y paciente. Y no se trata solamente de ser amable. La evidencia respalda su importancia.
El American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) considera que la comunicación efectiva es una pieza central de la relación médico-paciente: construir rapport, conocer la perspectiva de la paciente, demostrar empatía, usar un lenguaje claro y promover la toma de decisiones compartida. ACOG señala que una comunicación efectiva puede mejorar tanto la experiencia de las pacientes como algunos resultados en salud.
En ginecología y obstetricia también se ha estudiado algo que considero particularmente interesante: qué tanto influye el género del médico y qué tanto influye la manera en la que nos comunicamos.
Una revisión sistemática que analizó estudios sobre ginecólogos y obstetras encontró que muchas pacientes expresaban inicialmente una preferencia por ser atendidas por una mujer. Sin embargo, parte de esa preferencia se relacionaba con la percepción de una comunicación más centrada en la paciente. Independientemente del género del especialista, la satisfacción aumentaba cuando se utilizaba este tipo de comunicación.
Otros estudios sobre comunicación médica también han encontrado que la satisfacción puede ser similar con médicos hombres y mujeres cuando existe una comunicación orientada a la paciente.
Para mí, como ginecólogo hombre, esto tiene mucho significado.
Entiendo perfectamente que una paciente pueda llegar por primera vez con nervios, dudas o incluso cierta reserva al conversar sobre temas íntimos con un médico del sexo masculino.
No considero que la confianza deba darse por sentada. Hay que construirla.
Escuchando.
Explicando antes de examinar.
Respetando los límites de cada paciente.
Utilizando un lenguaje que pueda entender.
Dando espacio para preguntas.
Y permitiendo que la paciente participe en las decisiones sobre su propia salud.
El género del médico puede influir inicialmente en las preferencias de algunas pacientes, pero la evidencia nos recuerda algo importante: la manera en la que nos comunicamos también tiene un peso enorme en cómo se vive una consulta.
Explicar también es parte de tratar
La medicina tiene su propio idioma. Palabras como displasia, endometriosis, mioma, preeclampsia, reserva ovárica, microbiota o genotipificación forman parte de nuestro vocabulario cotidiano. Para quien las escucha por primera vez pueden sonar completamente diferentes.
Por eso no quiero que una paciente salga de consulta únicamente con una receta, una solicitud de laboratorio o el nombre de un diagnóstico.
Quiero que entienda.
Qué estamos buscando.
Qué encontramos.
Qué significa.
Qué opciones tenemos.
Y por qué estamos tomando determinada decisión.
De ahí nace una de las frases que mejor describe la forma en la que quiero ejercer:
Medicina basada en evidencia, explicada de forma humana.
La evidencia nos orienta sobre cuáles son las mejores opciones disponibles. Pero la decisión final ocurre frente a una persona con una historia, prioridades, preocupaciones y preferencias propias.
No siempre existe una única respuesta correcta
Hay muchas situaciones en ginecología y obstetricia donde no existe una respuesta idéntica para todas las pacientes.
No existe un anticonceptivo perfecto para todo el mundo.
El momento de iniciar determinados estudios puede variar según los antecedentes.
El manejo de un embarazo depende de sus características.
La terapia hormonal durante la menopausia no es adecuada para todas las mujeres de la misma manera.
En estos escenarios, mi responsabilidad no es simplemente decirte qué hacer. Es conocer la evidencia, explicarte los riesgos y beneficios y ayudarte a tomar una decisión informada.
Esto es lo que conocemos como toma de decisiones compartida, otro de los componentes que ACOG reconoce dentro de una comunicación médica efectiva.
También aprendí medicina fuera de los libros
Trabajar como médico general durante la pandemia de COVID-19 fue una experiencia difícil de comparar con cualquier capítulo de un libro. Fue una etapa de incertidumbre, miedo y decisiones complejas.
Después llegaron cuatro años de residencia en Ginecología y Obstetricia.
Guardias.
Partos.
Cesáreas.
Cirugías.
Emergencias.
Consultas.
Momentos extraordinariamente felices y otros en los que había que tener conversaciones que nadie quisiera recibir.
Todas esas experiencias me enseñaron medicina. Pero también fueron definiendo el médico que quería ser.
Hoy sé que me gusta una medicina en la que puedo acompañar a una paciente a lo largo del tiempo.
Conocerla durante una evaluación preventiva.
Volver a verla cuando quiere elegir un anticonceptivo.
Acompañarla si decide buscar un embarazo.
Seguirla durante su control prenatal.
Encontrarnos nuevamente después del parto.
Y años más adelante conversar sobre prevención, cambios hormonales, sexualidad o menopausia.
La salud femenina no ocurre en consultas aisladas. Es una historia que cambia a lo largo de toda la vida.
Por eso nace este espacio
Este espacio nace con esa misma filosofía.
Quiero compartir información actualizada sobre ginecología, obstetricia, prevención y salud sexual y reproductiva. Información basada en evidencia, pero explicada de una forma que pueda entenderse y aplicarse a la vida cotidiana.
También quiero hablar de aquellas preguntas que muchas veces aparecen únicamente cuando se cierra la puerta del consultorio.
Porque educar también es cuidar. Y porque mientras más comprenda una paciente su cuerpo y su salud, mejor podrá participar en las decisiones que la afectan.
Después de todos estos años de formación, una de las ideas que más me identifica es bastante sencilla:
La medicina necesita conocimiento, pero también necesita escuchar.
Por eso intento que cada consulta comience con una buena historia, continúe con un buen examen físico cuando sea necesario y termine con una paciente que comprenda qué estamos haciendo y por qué.
Esa es la medicina que quiero practicar.